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lunes, 26 de junio de 2017

​ “Mantén tus pensamientos positivos, porque tus pensamientos se convierten en tus palabras. Mantén tus palabras positivas, porque tus palabras se convierten en tus comportamientos. Mantén sus comportamientos positivos, ya que sus comportamientos se convierten en tus hábitos. Mantén tus hábitos positivos, porque tus hábitos se convierten en tus valores. Mantén tus valores positivos, porque tus valores se convierten en tu destino”.

viernes, 9 de junio de 2017

❁La técnica hawaiana Ho'oponopono.


Las 4 palabras sanadoras: las palabras son códigos que activan las partículas que componen nuestra realidad junto con los pensamientos y las acciones. Son muy poderosas según la intención que depositemos en ellas. Lo siento: al decir lo siento nos hacemos responsables frente a la situación manifestada. Nos lo decimos a nosotros mismos para liberar una memoria errónea que habita en nosotros. Por las cargas del pasado (todo lo que te ha hecho sufrir). Perdóname: nos pedimos perdón por lo que hay en nosotros que ha creado la realidad que nos toca vivir. Por arrastrarlas y no soltarlas (por atraer o permitir eso en tu vida que no esta a tu mismo nivel vibratorio). Gracias: invita a la transmutación, no es fácil dar las gracias, sobre todo cuando la situación que estamos viviendo es desagradable. No damos las gracias a la situación, sino a las memorias por haberse manifestado en esa experiencia y habernos dado la oportunidad de limpiarlas. Me entrego a un poder mayor que soy YO mismo en otro tiempo y espacio con un poder infinito. Te amo: el amor es un potente transformador, le decimos a nuestras memorias que las amamos y las liberamos de esa situación . Porque amarse es lo único que debemos hacer, el amor mueve montañas.

miércoles, 29 de marzo de 2017


"Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".

viernes, 3 de marzo de 2017

Donde no me valoren, no me quedo. De donde me subestimen, me retiro. Si no encuentro un buen lugar, lo construyo. Que así sea siempre.
Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: Un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar; un tiempo para rasgar y un tiempo para cocer, un tiempo para callar y un tiempo para hablar; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.

martes, 15 de noviembre de 2016

El éxito no es un lugar.


El éxito no es un lugar. Y digo esto porque la mayoría de la gente actúa como si pensase que el éxito posee, en efecto, una biografía. Que responde a medidas de latitud y de longitud, que es un espacio que se ocupa, una meseta a la que se asciende. “Cuando usted llegó al éxito”, te dicen a veces algunos periodistas. Y una no puede evitar el impulso de mirar sobre el hombro (¿pero es a mí?) o de observarse los pies con aire absorto (¿a dónde dice usted que he llegado?). Hay quienes ni siquiera se conforman con hablar de llegar, sino que utilizan otras palabras, verbos esforzados y marciales (“Fulano logró triunfar, Mengano conquistó el éxito”), verbos violentos que te esclavizan en sus ambiciones, verbos ansiosos que dejan tras de sí tierra quemada. Como si el éxito fuese una ciudadela defendida por enemigos fieros, un castillo al que hay que sitiar durante décadas, una penosa guerra. Y en cierto modo lo es: si piensas que el éxito es un lugar, el camino hacia él termina siendo una batalla idiota. Un absurdo pelear contra uno mismo. En realidad, el éxito y el fracaso no son sino unidades de medida de la mirada de los otros. Sustancia intangible, volátil, relativa, eminentemente fugitiva. Miramos a los demás y proyectamos sobre ellos ese paisaje imaginario: la península del triunfo, la hondonada de la derrota. Miramos a los demás y vemos en ellos cualidades y defectos que a nosotros se nos escapan. Sobre todo, cualidades, porque el deseo es siempre huidizo. Siempre creemos que el sol calienta más del otro lado de la acera y que la vecina es más feliz con su marido de lo que tú eres con el tuyo. De la misma manera miramos a Mengano y nos decimos: “Ha llegado al éxito”, como si hubiera llegado al cuarto del tesoro. ¿Pero de qué tesoro, el tesoro de quién? El éxito es un espejismo que corre delante de nosotros, como el horizonte. Y tal vez el fracaso sea un espejismo que corre detrás de nosotros, como nuestra sombra. Hay personas tan obsesionadas con ese lugar imposible que es el triunfo y tan aterradas por la amenaza de derrota, que se plantean toda su vida como una estrategia de ataque, como un despliegue militar a la conquista de un territorio hostil. Y así, cuando estudian la carrera X, y no la carrera Z, que es la que de verdad les gusta, porque consideran que la primera, aunque aburridísima, tiene muchas más salidas profesionales. O aceptan un trabajo horrible en una ciudad horrible, por ejemplo, abandonando otro empleo más o menos feliz, una casa cómoda, una ciudad agradable, una novia y un gato, porque en la empresa horrible, si se sacrifican durante años, pueden ascender más rápidamente. Sacrificio, ésa es la palabra que suelen emplear: “Si aguanto un tiempo ahora, si ahora me sacrifico, llegaré primero a jefe de grupo; luego, a directivo; más tarde, a asociado; después me independizaré, me haré alguien famoso, terminaré ministro”. Y así se les va pasando la vida. Son como la lechera de la fábula, sólo que, en vez de verter al final el cuenco de leche, van vertiendo, tirando, su propia existencia. Porque siempre parecen vivir en un tiempo equivocado. Es en el futuro, siempre en el futuro, donde estará la vida. Y el presente (que es lo único que tenemos, lo que nos hace y nos deshace, el entramado de los días) se va quemando inútilmente, ignorado, desdeñado, sacrificado a ese dios intratable del triunfo. Una auténtica pena, un desperdicio. Porque el éxito no es un lugar, nunca se llega. Y no es sólo que somos hijos del azar y que nos puede suceder cualquier calamidad en el camino: que la empresa horrible quiebre, por ejemplo, o que cuando te van a nombrar directivo te atropelle un camión, y entonces para qué tantos años perdidos y sufridos. No, no es sólo la desgracia: es que incluso si el ambicioso cumple todas sus ambiciones no se calma la herida. Lo sé, es así, conozco a muchos. Cuando aquel que siempre quiso ser ministro logra el cargo, se siente vacío. Y con razón: ha pagado un precio exorbitante (la vida entera) por un lugar que no es un lugar. Por un tesoro que ahora brilla muy poco. Es como comprarle la torre Eiffel a un estafador. Desgraciado aquel que logra sus sueños. Por eso estoy segura de que la única manera sensata de vivir es ir viviendo. Hacer aquello que creemos que debemos hacer en este momento […] porque no hay otra vida que la que estás viviendo. Rosa Montero (1994)

domingo, 6 de noviembre de 2016


Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Morir un poco.

Trabajar por obligación será siempre morir un poco. Enriquecer a otros, obedecer a jefes repugnantes, correr para no llegar atrasado, fingir sonrisas, recibir sueldos de hambre: todo mata. Perder momentos de amor y placer, de ocio y creatividad, y olvidar la posibilidad de imaginar mañanas totalmente distintas, es la condena a la que nos someten los amos de todos los tiempos y colores. Ser un/a trabajador/a ejemplar y aguantar sin chistar nunca será señal de orgullo. No seremos esclavos felices. Queremos reconquistarnos, exigimos la Vida. Y si algo tiene que morir, eso es el orden de explotación que nos somete. ¡Salud y Libertad!

sábado, 6 de agosto de 2016

Amor propio.


Cuantas veces me encontré enfocada en lo que no me gusta de mi. Cuantas veces dejé que esto se convirtiera en un constante y desalentador diálogo interno, que lejos de ayudarme a encontrar las fuerzas dentro de mí para hacer los cambios positivos que quería en mi vida , me dejaba en una zona de incomodidad conmigo misma donde era difícil florecer. Al volverme consciente de que mi principal aliada en la vida soy yo, de que la forma en que me veo y me trato moldea la forma en que me ven y me tratan los demás, supe que notar lo que "no me gusta de mi" no debía ser una constante voz crítica en mi mente sino una oportunidad para aceptarme y amarme completamente. Comprendí que para cambiar lo que no me gusta de mi primero debo aceptarlo. Que desde la aceptación fluyen los cambios. Comprendí que enamorarme de mí misma se reflejaba cada vez en más amor hacia todo lo que me rodea y en amor por cada cosa que hago. Me volví entonces mi fan número uno. Mi propio apoyo cuando no lo encontré en nadie más. Me volví mi amiga, mi compañera de aventuras, mi propia ayudante para realizar todos mis sueños. Desde el sentimiento de que soy amada y aceptada por mi, me rodeé de personas que también lo hacían. Gracias gracias gracias. Por hoy piensa que te gusta de ti. No importan las dificultades del día. Lo hiciste lo mejor que pudiste. 
Me amo y acepto completamente.

jueves, 28 de julio de 2016

Quién te enseñó a avergonzarte de tus deseos?. A no decir lo que piensas. Quién te hizo creer que no eras suficiente. Que no eras libre. Quién te vio hablar con fuego en tu mirada sobre tus pasiones y tuvo la idea de decirte que eran ridículas. De dónde viene el tragarte las cosas. El miedo a reír fuerte. La inseguridad de ir detrás de lo que te gusta. La sensación de que estás aburriendo al otro cuando hablas de ti. Quién te dijo que no eras capaz. Que no lo merecías todo. A quién le has creído. Hoy, atrévete a poner el punto final. >>La decisión más valiente que alguna vez tomaras será la de dejar ir aquello que hiere tu alma.<< Hoy, ten la valentía de decirte a ti mismo que tú puedes. Que la vida es bella. Que mereces lo que sueñas. Que hay alguien para ti. Que quien te quiere te escucha. Que quien te quiere te acepta. Que quien te quiere está ahí incluso cuando no estás en tu mejor momento. Que eres responsable de tu propia felicidad. Que está bien tomar distancia. Que está permitido amar de nuevo. Que lo que piensas es interesante. Que tu voz suena a melodía. Que quienes te tienen en sus vidas son verdaderamente afortunados.