Poder amar de verdad es estar en paz con la idea de que no son uno.
De que hay algo de sí que no puede ser tocado, dicho o alcanzado por el otro.
Amar es reconocer la distancia que separa.
Es dar lugar a la imposibilidad de la completud.
Un alma que aclamó paz luego de haber tropezado mil veces, la sonrisa que nació de un corazón que fue golpeado tanto hasta aprender a quererse a sí mismo.
Busca estabilidad y no un pasatiempo, quiere descansar, ya se cansó de correr detrás de personas que solo huyen de algo sincero.
En la vida de una persona existen miles de días, pero hay uno en específico donde cambias de rumbo. En ese instante en el cual su vida cambia por completo y sabe perfectamente lo que quiere, sabe que no va a andar de boca en boca o eligiendo a lo loco, en ese momento está totalmente sincronizada con sus sueños, no mira atrás, tampoco permite que nadie vuelva a hacerle daño, cuando maduras totalmente existen muy pocas cosas que te puedan herir, básicamente nada puede hacerlo si no lo permites, es cuestión de decisión propia arriesgarse o blindarse como nunca antes.
El tiempo pasa y no pide permiso para abrirles los ojos a las personas, y mostrarles todo lo que han dejado pasar, dónde han agotado lo mejor de ellos, sobretodo cómo ha invertido su tiempo.
Despierta y haz lo necesario para alcanzar tu mejor versión, no te rindas por las sacudidas que la vida te dé, el éxito es un cerco que solo los gigantes pueden cruzar, poco a poco ve creciendo y queriendo más de ti, exígete pero no tanto, hasta el plástico cuando se estira demasiado se rompe, haz tiempo para lo que te importa, cuida lo que quieres conversar, incluyéndote, no te pierdas por obsesionarte con algo o alguien, cada cierto tiempo medita, reinvéntate y aclara tus ideas, que tu camino siempre se mantenga con una visión clara hacia donde quieres llegar.
Donde tu corazón vaya a una velocidad en aumento, donde tú como persona aprendas y apliques lo aprendido, en ese carril es donde debes mantenerte, crea tu propio método de superarte, no te quedes esperando a que los sueños lleguen a casa, el tiempo no se detiene, el éxito es mental, el miedo te ayuda a moverte y avanzar, nadie quiere dejar sus sueños en el olvido.
Tu prioridad es cambiar para bien, el mundo no va a cambiar si tú no lo haces primero, hazlo siempre para bien.
"A cuántos hombres he escuchado decir que desean a una mujer inteligente en sus vidas.
Si te comparas con los demás te puedo asegurar una cosa, siempre serás infeliz pues siempre habrá gente delante y detrás de ti; ¡Siempre!
Sin embargo, el tema de fondo es que al compararte...
👉 Entregas el mando de tu felicidad a otros
👉 Pones tu atención en otros en lugar de en ti
👉 Te desconectas de tu esencia en lugar de conectarte
👉 Te preocupas de lo que logran otros olvidándote de tus logros
👉 Das cabida a celos y envidias en lugar de amor y admiración
👉 Tiendes a trabajar contra otros en lugar de trabajar con otros
Cuando sientas la tentación de compararte busca conectarte con lo más profundo de ti, ahí donde encuentras el remanso de la paz y felicidad.
No desperdicies tu energía en comparaciones, más bien, invierte esa energía en crecer y brillar tú.
Cuando una mujer toma las riendas de su vida,
de su destino, de la abundancia de su corazón, "A una estación de trenes llega, una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de periódicos y compra una revista, luego pasa por una tienda y compra un paquete de galletitas y una lata de refresco.
Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un periódico. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.
La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. “No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
¡Gracias! —dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
De nada —contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: “Insolente”.
Siente la boca reseca de ira.
Abre la cartera para sacar la lata de refresco y se sorprende al encontrar su paquete de galletitas... ¡intacto!
El autor dice: "Empecé a trabajar en docencia pensando que deseaba compartir algunas galletitas con los demás. Ahora, diez años después, me doy cuenta de que son ustedes los que, todo este tiempo, han estado compartiendo las suyas conmigo."
Jorge Bucay
El viaje siempre será solitario.
La vida es un constante desapego. Si lo observas profundamente, te puedes dar cuenta qué desde que nacemos necesitamos cosas.